Titúlenlo a su gusto.




Anoche recordé que la muerte existe. Sí, así como quien no quiere la cosa. Como si no tuviera nada que ver conmigo. Como quien ve las tragedias que ocurren en el mundo con la repulsión que la atrocidad produce, pero con la comodidad de ser ajeno. Y es que la muerte no es atroz. Y es que la muerte no es ajena. 

Si en Cádiz se mantuviera erigida la estatua de Alejandro, hermanaría mi alma con la de César, y con el látigo del pesar me fustigaría tal y como el conquistador de las galias se fustigó. <<¿Pues no os parece digno de pesar el que Alejandro de esta edad reinase ya sobre tantos pueblos y que yo no haya hecho todavía nada digno de memoria?>>

Suficiente tormento para el espíritu es la condena de una vida funcionarial, en la que los asaltos a las murallas de Ilión con un caballo de madera se sustituyen por abordar el tablón de excel utilizando IA. El mayor miedo que puede producir la inteligencia artificial es que sea la única de las inteligencias.

Que la inteligencia artificial sustituye al hombre en el trabajo no me suena problemático. No así que el hombre haya sido sustituido por el trabajo. Mi forma de pensar se puede resumir en tomar el Sol mirando el mar. Mi forma de escribir se puede resumir en un intento de tomar el Sol mirando el mar. Las 4000 UI de vitamina D no acarician la piel.

Quizá me convenza más mi escritura cuando yo esté convencido de mí mismo. El miedo es la barrera que separa estar vivo de vivir. A veces mis artículos me recuerdan a canciones de Taburete, frases que suenan bien pero sin tener conexiones entre ellas. Objetivo del año que viene: dejar de vivir acojonado. Mi literatura es la que guardo entre frase y frase. Se han olvidado a que huele la Luna. 

Anoche recordé que estoy vivo. Sí, así como quien no quiere la cosa. Como si no tuviera nada que ver conmigo. Como quien ve los éxitos de las personas que admira con el respeto que la excelencia produce, pero con la pasividad de quien cree que no está llamado a ella. Y es que el éxito no siempre es excelente. Y es que sí estoy llamado. 


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