Marinenses y marinenses
Mi primo mayor, físico y director de un proyecto de ingeniería de conserveras, decía que veía Iron Man 2 y, cuando empieza a volar en su garaje, se imaginaba cómo hacerlo posible.
Yo soy cantinero, así que veo cantinas. Para los millones de “influenciados” de fuera del repudio del Morrazo veo dos jóvenes del 02, Fermarín y los Galimbas, y la pandilla Carballinés. Apuntar que todos unos cracks, colegas de insti de Vtra. Merced.
Como su nombre indica, la pandilla Carballinés frecuenta el Carballinés. De lo que sé de ese sitio, por el tiempo que estuve allí por su nueva gerencia, tiene precios populares, camareros y dueños con poco protocolo y escaso conocimiento del sector. Unos jóvenes como esta pandilla ansiarán de este establecimiento, además de precio barato, una pizza precocinada del Mercadona en ración abundante y estar como en su casa.
Los galimberos, como los camelleros, distinguimos dos períodos: el sextete, es decir, por la mañana, cuando vamos a un bar con nombre horrible pero increíble producto, Dima-Dama y Guelfos, que se corresponde con la tarde de Galimbas, cuando vamos al Nao. La diferencia es clara entre estos: en el primero se sirven desayunos con esmero cuidado, aunque con algún grito entre camareros. En el segundo, cerveza de bodega, amplio conocimiento de Galimbas en general y camareras amables que sirven con eficiencia.
La esencia del enfrentamiento es el estilo de vida que aprecio ver de manera superficial: chuzarse los findes o leer tomando el sol el 24 de diciembre. Cuando era más joven recuerdo pensar que solo quedábamos para salir, y me entristecía. A día de hoy no quedo para salir salvo a punta de pistola o que se me pasen las edades.
Decía mi sobrina segunda que no nos hiciésemos los viejos a los del 02, 98 y 94. Mi primo, después de fracasar en volar en latón, les dijo: llevo siendo viejo desde que soy joven y así seguiré.
Si la vida es una comida, la vejez es el postre.



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