El amor al cigarro

No soy, ni fui, ni seré nunca un fumador. He dado algunas caladas, como cualquier otro, y he tosido, casi como ninguno. A mis 13 y 10, me repudia pensar en meter ese alquitrán en mi cuerpo, pero confesándooslo, hay un cierto celo por aquellos que pueden disfrutar de un cigarro. Ese momento al final del día, en una terraza, sentarse y disfrutar de un cigarro.

Por eso quiero pasarme al mostagán, y dejar la galimba. Una birra se toma a medio oscuras en un bar, entristecido y solitario de corazón. Un buen vino se toma en un soleado balcón con tu novia, despues de recibir en la cara los últimos rayos de sol, y antes de recrear la sagrada danza del amor; disfrutando cada recuerdo a mantequilla que ofrece dicho manjar: el cuerpo de Cristo.

El primer milagro de Jesus fue convertir el agua en vino en una boda. Lo relata Juan, y tiene un simbolismo muy claro, Jesus era el novio, Israel la novia, y, lo que el trajo, el vino, fue la alegría en esta nueva alianza. 

Solución, y a la vez causa, de todos nuestros problemas. La vida cambia, cuando aprecias y agradeces cada momento, aunque sean 2 minutos. Lo que tardas en fumarte un cigarro.

EHE

 

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