Viudedaz o muerte
Un miércoles de borrachera no recuerdo como me puse a hablar con dos buenos amigos de que no tenían padre. Otra gente tiene padres divorciados, hasta mas de una vez y en mi familia hay dos casos de separación.
Dijo Jesus que aquel que se case con una mujer divorciada, si no es por motivo de concupiscencia, adúltero será. Escuchando un podcast que me recomendó Fermarin "a la de tres" decía una catedrática de la UCAM que tras el sexo se puede producir un trauma en una ruptura, debido a no se que hormona. Hablaban bastante de que hoy en día se acuesta uno con alguien antes hasta de saber si es del Depor o terrorista por ejemplo. Cuanto daño ha hecho el ateísmo moderno y el bombardeo de información.
Dejando a un lado el hecho de que tras un embarazo indeseado igual te surge la obligación familiar de casarte, por qué narices te juntas con alguien con el que no quieres morir. Que ojo, igual me estoy pegando un tiro en el pie, y en 10 años estoy separado, pero os aseguro que me habrá dejado mi mujer al liarse con mi compañero de equipo de 1,96. Si doy unos votos sagrados es para cumplirlos, y decir a los 91 años a mis nietos que "agora teño liberdade meu cuco dende que teu abuelo morreu". Porque para mi no hay otro final: viudedaz o muerte.
Retomando el podcast, en otra entrevista vino un terapeuta de parejas, dando unas palabras que no me gustaron: algo así como que solo eres maduro a los 50 años y hasta entonces no vas a poder estar con alguien toda la vida. Ya solo le faltaba llamarse Joaquín y escribir poemas al fantoche este. "Dejando a su padre se unirá a su marido en una sola carne" dice el génesis, no que a los 60 te vas a ir con tu vecina María Josén
En fin, viva el Antiguo Régimen, abajo la secularización y el tinder
Un miércoles de borrachera —no recuerdo muy bien cómo empezó la conversación— me puse a hablar con dos buenos amigos que no tenían padre. Otros tienen padres divorciados, algunos incluso más de una vez; en mi propia familia hay dos casos de separación. No es algo extraño. Es, más bien, lo normal.
Jesús dijo que quien se case con una mujer divorciada, salvo por motivo grave, comete adulterio. Hace poco, escuchando el podcast que me recomendó Fermarin, A la de tres, una catedrática de la UCAM explicaba que tras el sexo puede producirse un vínculo químico difícil de romper, que en una ruptura genera algo parecido a un trauma. No recuerdo el nombre exacto de la hormona, pero sí la idea: no todo es tan inocuo como creemos.
Comentaban también que hoy uno se acuesta con alguien antes incluso de saber si es del Dépor o terrorista. Primero el cuerpo; luego, si acaso, la biografía. Y así nos va. Cuánto daño han hecho el ateísmo moderno y el bombardeo constante de información mal digerida.
Dejando a un lado que, tras un embarazo indeseado, pueda surgir la obligación familiar de casarse, hay una pregunta más incómoda: ¿por qué te unes a alguien con quien no quieres envejecer ni morir? Ojo, igual me estoy pegando un tiro en el pie y dentro de diez años estoy separado. Y si eso ocurre, seguro que la historia será grotesca: mi mujer fugándose con mi compañero de equipo de 1,96. Pero si pronuncio unos votos sagrados, es para cumplirlos. Para poder decir, con 91 años y rodeado de nietos, que la libertad llega cuando la muerte ha hecho su trabajo, no antes.
Para mí no existe otro desenlace posible: viudedad o muerte.
Retomando el podcast, en otra entrevista intervino un terapeuta de parejas cuyas palabras me chirriaron. Venía a decir que uno solo alcanza la madurez a los 50 años y que, hasta entonces, es imposible comprometerse para toda la vida. Solo le faltaba llamarse Joaquín y ponerse a escribir poemas, el fantoche.
«Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne», dice el Génesis. No añade: “cuando cumplas 60 y te apetezca cambiar por la vecina”. La Escritura es bastante más tajante que nuestras excusas contemporáneas.
En fin: viva el Antiguo Régimen. Abajo la secularización. Y abajo Tinder.
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